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ABUSO O AGRESIÓN SEXUAL

¿PUEDE HABER UNA CONDENA SOLO CON LA DECLARACION DE LA VICTIMA?

En muchas ocasiones se plantea la duda sobre lo que ocurre cuando la única prueba de cargo en un delito de abuso o agresión sexual consiste en la declaración de la víctima, y si con solo esa declaración pueden condenar a una persona.

Nos encontramos ante un tipo de delito que suele producirse en un ámbito privado, es decir, normalmente sin la presencia de testigos. Por ello suele decirse que es la palabra de la victima contra la del acusado.

En el proceso penal español, toda condena tiene que estar respaldada por pruebas de cargo sólidas, de forma que un Juez no puede condenar por mera “convicción”, esa convicción tiene que tener una base.

Sin embargo la jurisprudencia tiene también establecido, que con la sola declaración de la víctima se puede condenar a una persona, fundamentalmente en determinados delitos como ocurre en los delitos de abuso o agresión sexual, que se cometen aprovechando la intimidad y buscando precisamente la impunidad que puede proporcionar la ausencia de testigos o de vestigios materiales.

¿Cómo se compagina eso entonces?

Cuando la única prueba de cargo la constituye la declaración de la supuesta víctima del delito, implica un gran riesgo para el derecho constitucional de presunción de inocencia. Y el riesgo se hace mayor si tal víctima es precisamente quien inicia el proceso, mediante la correspondiente denuncia o querella, haciéndose aún más acentuado si ejerce la acusación. Basta con formular la acusación y sostenerla personalmente en el juicio, para desplazar aparentemente la carga de la prueba sobre el acusado, obligándole a ser él quien demuestre su inocencia, frente a una prueba de cargo integrada únicamente por la palabra de quien le acusa. Todavía cabe alcanzar un supuesto más extremo, en aquellos casos en que la declaración de la parte que acusa, no sólo es única prueba de la supuesta autoría del acusado, sino también de la propia existencia del delito, del cual no existe acreditación alguna fuera de las manifestaciones de quien efectúa la acusación; llegándose el grado máximo de indefensión para el acusado cuando la acusación, fundada exclusivamente en la palabra de la parte acusadora, es tan imprecisa en su circunstancia o en el tiempo que no hay prácticamente posibilidad alguna de practicar prueba en contrario.

Por ello en los casos en que la declaración de la víctima constituye la única prueba de cargo se exige comprobar la concurrencia de las siguientes notas o requisitos: 1º) ausencia de incredibilidad subjetiva, derivada de las relaciones acusador/acusado que pudieran conducir a la deducción de la existencia de un móvil de resentimiento, enemistad, venganza, enfrentamiento, interés o de cualquier índole que prive a la declaración de la aptitud necesaria para generar certidumbre; 2º) persistencia en la incriminación: ésta debe ser prolongada en el tiempo, plural, sin ambigüedades ni contradicciones, pues constituyendo la única prueba enfrentada a la negativa del acusado, que proclama su inocencia, prácticamente la única posibilidad de evitar la indefensión de éste es permitirle que cuestione eficazmente dicha declaración, poniendo de relieve aquellas contradicciones que evidencien su falta de verdad, y 3º) verosimilitud, es decir, constatación de la concurrencia de corroboraciones periféricas de carácter objetivo, que avalen el testimonio de la víctima, la que puede personarse como parte acusadora particular o perjudicada civilmente en el procedimiento (art. 109 y 110 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal); en definitiva es fundamental la constatación objetiva de la misma existencia del hecho.

Este último requisito, la verosimilitud de la declaración de la víctima es el fundamental, y además debe examinarse desde una doble óptica. Desde una óptica interna analizando el testimonio en sí mismo considerado, es decir si es coherente, lógico, claro, prestado sin titubeos, con un relato lineal; y desde el punto de vista externo, de forma que tal testimonio ha de coincidir o ser refrendado con elementos objetivos periféricos que lo acrediten.

La corroboración es un dato que ratifica el hecho investigado; lo que significa que el propio hecho de la existencia del delito tiene que estar apoyado en algún dato añadido a la pura manifestación subjetiva de la víctima.

Por eso un Tribunal sentenciador, no puede fundamentar su condena en un elemento estrictamente subjetivo como es la coherencia, persistencia o falta de ánimo espurio alguno. Eso no es suficiente para enervar la presunción de inocencia.

De Lara Moreno Abogados